Del archivo · campo 2016

La lista en la puerta del refrigerador

Estábamos probando un servicio digital para quienes conviven con varias enfermedades crónicas a la vez. Los pacientes ya tenían un sistema. Funcionaba con una hoja pegada al refrigerador, un grupo de WhatsApp entre hermanas y una hija que revisaba. Ninguna de ellas era el usuario para el que se diseñó el servicio.

MétodoEntrevistas en profundidad en el hogar
MuestraPacientes cardíacos y sus cuidadores
CampoSão Paulo, Sorocaba y Bertioga, 2016
AnonimizadoNombres, cliente y marcas removidos

El estudio tenía un objeto claro. Un cliente había construido un servicio de eHealth para personas que viven con varias enfermedades crónicas a la vez — insuficiencia cardíaca, EPOC y diabetes en el mismo cuerpo — y quería saber cómo caería en Brasil. Entrevistamos pacientes en casa, con sus cuidadores, y les mostramos el servicio.

Las transcripciones sobrevivieron. Seis de ellas, numeradas hasta ID11, lo que indica un estudio mayor que lo que queda en nuestro archivo.

Diez años después, lo que vale releer no es lo que dijeron del servicio. Es lo que ya estaba funcionando dentro de esas casas antes de que alguien les mostrara nada.

Un hombre que recuerda todo y olvida todo

Un participante, comerciante jubilado de unos setenta años con larga historia cardíaca, fue enfático sobre manejar su propio tratamiento.

“Yo sé mi horario para tomar el medicamento.”

Hombre, 70s, São Paulo · traducido del portugués

Minutos antes, en la misma entrevista, hablando de consultas médicas, había dicho lo opuesto sobre sí mismo:

“Soy muy olvidadizo, me olvido de pedir la cita con el médico.”

Hombre, 70s, São Paulo · traducido del portugués

Y más adelante, sobre una decisión que se le pedía considerar, dijo que su prima debería haber estado ahí en ese momento, porque me olvido de todo.

Entonces llegó la frase que sostiene el estudio entero. Preguntado sobre quién lo apoya en el día a día, describió a su hija — y enmarcó lo que ella hace como prueba de su propia competencia:

“Muchas veces agenda la consulta, está pendiente de si estoy tomando el medicamento o no. Ella sabe que tengo buena cabeza.”

Hombre, 70s, São Paulo · traducido del portugués

No está mintiendo ni confundido. Está describiendo un sistema en el que él es el paciente y otra persona es la operadora, y lo narra como autonomía. Las dos cosas son verdad al mismo tiempo, y solo una aparece si la pregunta es "¿toma su medicamento como se lo recetaron?".

La infraestructura ya estaba ahí

Otra participante, de unos sesenta años y nueve cirugías cardíacas encima, describió la maquinaria en detalle sin llamarla nunca un sistema.

El horario estaba en el refrigerador:

“Lo tengo pegado en la puerta del refrigerador, porque una se acostumbra, pero a veces puede ser otra persona. Cuando digo "hija, tráele el remedio a mamá", ella va, mira la hora y mira cuál es el medicamento.”

Mujer, 60s, São Paulo · traducido del portugués

La reposición funcionaba en un grupo de WhatsApp entre las hijas:

“A veces es "se le está acabando el remedio a mamá", y ellas pasan y lo traen. Así nadie tiene que volver a salir, se avisan entre ellas.”

Mujer, 60s, São Paulo · traducido del portugués

Y la razón de que el papel existiera era el volumen:

“Tomo remedio para la presión, para el corazón, para el colesterol. Tomo tantos que si me pusiera a leer sobre todos terminaría volviéndome loca.”

Mujer, 60s, São Paulo · traducido del portugués

Una lista impresa con un papel definido para quien entre a la casa. Un hilo de mensajes para control de stock. Una persona nombrada como responsable. Eso es un sistema de adherencia. Lo construyó una familia, costó cero, y ya funcionaba antes de que llegara cualquier servicio.

Lo que la foto de 2016 ya mostraba

El servicio que probábamos estaba diseñado para el paciente. Todo producto digital de cuidado crónico que hemos visto desde entonces tiende a diseñarse igual: el paciente instala, el paciente registra la dosis, el paciente recibe el recordatorio.

Leyendo estas transcripciones, la pregunta que queda es incómoda. Si quien de hecho revisa la dosis es una hija, que vive en otro lugar, trabaja y se coordina con su hermana por mensaje — ¿quién es el usuario?

No afirmamos que el material haya predicho nada sobre la adopción de apps de salud en Brasil; no tenemos datos y no vamos a fingir que sí. La afirmación estrecha es la que las transcripciones sostienen: en 2016, la unidad funcional de la adherencia al tratamiento crónico en esas casas no era una persona. Era una familia con una lista y un chat grupal. Cualquier producto que trate al paciente como usuario compite con la puerta del refrigerador — y la puerta del refrigerador ya funciona.

Y lo que enmarcamos mal

El estudio sí entrevistó cuidadores — hay un conjunto separado de entrevistas con cuidadores en el mismo proyecto. Así que no es un caso de haberlos ignorado.

Lo que hicimos mal es más sutil y está en la palabra. En la guía y en la moderación, el cuidador aparece como ayuda: quién te ayuda a monitorear tu enfermedad, quién te auxilia, a quién tienes en el día a día. Ayuda es un papel de apoyo. Leyendo las transcripciones, ella no apoya el sistema — ella es el sistema: agenda, revisa, repone y traduce la receta en una lista que un extraño podría seguir.

La registramos con precisión y la nombramos mal. Un estudio mide lo que su vocabulario le permite ver.

Lo que esto no te dice

Seis transcripciones sobrevivientes de un estudio mayor de 2016, en tres ciudades del estado de São Paulo, con pacientes cardíacos — no es una muestra representativa del paciente crónico brasileño, y nada aquí debe leerse como patrón nacional. Todo es autorreporte desde dentro del hogar, que es justamente el tipo de relato que favorece a quien habla. Esta es una relectura una década después, y la retrospectiva hace que los patrones parezcan obvios cuando no lo eran. No adjuntamos cifras de mercado porque no tenemos cifras verificadas.

Para quien hace investigación de adherencia en Brasil

Tres consecuencias prácticas, todas baratas:

Recluta el hogar, no al paciente. Si quien gestiona la medicación no está en la sala, la entrevista mide la autoimagen del paciente. Vale saberlo, pero no es adherencia.

Pregunta a quién le cambiaría la vida. "¿Lo toma correctamente?" devuelve identidad. "Si esto cambiara mañana, ¿quién más en esta casa tendría que cambiar algo?" devuelve el sistema.

Prueba el producto con quien lo opera. Un servicio evaluado solo por quien es cuidado será juzgado por dignidad y autonomía — por eso los pacientes suelen decir que sí a estas cosas y luego nunca las usan. Quien escribiría ahí todos los días es quien puede decirte si le gana a una hoja de papel en un refrigerador.

Salud es uno de los territorios que mejor conocemos en Brasil — médicos, pacientes y quienes los rodean. Si tienes un brief aquí, nosotros hacemos el campo.

Iniciar un proyecto